miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad...La Esperanza

Era la noche de Navidad.
Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:
- Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús
vendrá a visitar tu casa.
La señora quedó entusiasmada:
Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro.
Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús.
Encargó pollos, conservas y vino importados.

De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro
sufrido, con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.

- Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme?
Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.

- ¿Pero esta es hora de molestar?
Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa.
Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.

Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.

- Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina.
¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas
que me pueda prestar?

La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal
y los platos de porcelana, se irritó mucho:

- ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico?

¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?.

Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.
La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar,
puso champaña en el refrigerador, escogió de la bodega los mejores
vino, preparó unos coctelitos.

Mientras tanto alguien afuera batió las palmas.

Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada y con el corazón
acelerado fue a abrir la puerta.

Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.
- Señora, deme un plato de comida.

- ¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado?
Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.

Al final, la cena estaba ya lista.
Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita.
Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía.
Cansados de esperar empezaron a tomar los coctelitos, que al poco
tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos y el sueño
hizo olvidar los pollos y los platos preparados.

A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró ,
con gran espanto frente a un ángel.

- ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella.
Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció.
¿Por qué me hizo esta broma?

- No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver,
dijo el ángel.
Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la mujer embarazada,
en la persona del camionero y en el niño hambriento.
Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.

Fuente:Leonismo Argentino

7 comentarios:

Maria Jesús dijo...

Estoy de nuevo de regreso después de tres semanas alejada de internet, preparándome para un duro examen cuyo resultado ha sido satisfactorio. Echaba de menos visitarte.
Nos bendices con cada uno de tus posts

HADA ISOL dijo...

Y es verdad que Jesús nunca se presenta como un Dios,El está en cada hermano,y cuantas veces dejamos para otro día a tan ilustre visita,y sinos dice un día:tuve sed y no me diste de beber,tuve hambre y no me diste de comer!Dios en su inmnesa sabiduria nos dejó un legado,el mandamiento del amor,amar al projimo como a uno mismo y hoy en día no solo no amamos al prójimo,tampoco nos queremos y cuidamos como es debido,en estas fechas debemos meditar mucho,y aprender de este Dios que se nos dió con amor y entrega total,gracias por hacerme refelccionar,un beso y un abrazo,feliz navidad!

Juan dijo...

La humildad, la bondad y el amor no son máscaras, pues aquellos se llevan en el corazón.
Pasa mucho en el mundo que con los grandes personajes la gente se desvive, les hacen grandes regalos, que no los necesitarían; sin embargo, con los más pobres somos indiferentes.

Un abrazo y Feliz Navidad.

Rio Oria dijo...

Estamos de acuerdo. Las ocupaciones y los grandes acontecimientos nos apartan la mirada de lo que es esencial.
Olalla y Ramón

José Ignacio dijo...

Imoportante narración.
Hace muchos años que un capítulo del evangelista Mateo, capitulo veinticinco, me sorprendio con su narración del Juicio final.
Los que quedaron a la izquierda, parecidas a la señora que prepara el gran banquete, no se fijaron en el verdadero rostro de Dios.
Los que quedaron a la derecha contemplaron y ayudaron a la persona en momentos difíciles y no veían a Dios.
cURIOSO QUE TENIENDOLO TAN CLARO NOS CUESTE TANTO LLEVARLO A LA PRÁCTICA.
Un abrazo.

RAQUEL dijo...

Así como preparamos nuestra mesa, muestras comida, sería bueno preparar "la receta del corazón", quiero decir con esto, Que dispongamos nuestro corazón para el perdón y el olvido de todos los resentimientos y rencores.

Que al compartir la mesa de Navidad nuestra copa esté llena de los dones más preciados: AMOR Y PAZ.

Que Dios bendiga a tí y tu familia y su paz los acompañe.

Muchos besos y felicidades.

SILVIA dijo...

que lindo cuento¡¡¡¡¡¡me encanta venir a leerte tu espacio me da mucha paz
que tengas unas hermosas fiestas navideñas junto a tus seres queridos
besos