
Tus ojos tienen una potencia irresistible; pero esa potencia
puedes emplearla para el bien o para el mal.
Ofrece siempre , todos los días, unos ojos puros y dulces,
como cielo sin nubes; que al dar el pronóstico del día, los que
viven contigo, al mirar tus ojos, no puedan menos que decir:
"Hoy , cielo sin nubes".
Que mires con tanta serenidad que todos se sientan cómodos
a tu lado y lo sientan todos cuanto se acerquen a ti.
Lo mismo que cuando sale el sol, es imposible decir si alumbra
más a un hombre que a otro, así tú ilumines con tus ojos, mires
mires con igual bondad a unos que a otros.
Al que te trata con suma delicadeza y bondad, y al que con mano
dura o expresión torva deshace tu corazón.
El sol tanto ilumina las verdes praderas como las oscuras hondonadas.
Dios hace salir el sol sobre justos y pecadores; en tu rostro,
en tus ojos ha de descubrirse siempre la misma luz de bondad
para unos que para otros.
Extraído del libro: Los Cinco Minutos de Dios
Autor: Alfonso Milagro
Editorial Claretiana
Fotografía: Silvia Cristina